El término zen alude a la meditación y define a una rama del budismo centrada en esta práctica. A diferencia de otras corrientes, el zen defiende la posibilidad de un despertar espiritual súbito. Esta iluminación repentina, fruto de la perseverancia meditativa, se conoce en Japón como satori. Para transmitis su pensamiento y ayudar a la contemplación, el movimiento creó su propio lenguaje. Su desarrollo se vinculó a los monasterios, destacando los templos de Kenchoji y Engaku-ji en Kamakura. En este enclave estratégico, sede del poder del shogunato, se irradiaron los postulados de la secta. El arte zen abarcó desde una arquitectura sobria hasta el diseño de un tipo de jardín muy específico. Las artes visuales, la caligrafía y la pintura también se pusieron al servicio de esta filosofía.